La maratón de los cobardes
Corre…
Me susurran los árboles.
Corre…
Más caso hago del consejo de los que llevan cientos de años viviendo, y mi mente corre, y mi alma corre delante de mi cuerpo e inerte corro detrás, en la maratón de los cobardes. Todos corren aquí porque no son capaces de quedarse firmes en sus decisiones, porque sus manos no son capaces de sostener sus ideales, sus sueños o sus convicciones, corren porque los ojos del corazón están cegados por el miedo, el miedo en el que se escudan, en el que se protegen, porque el dolor, aunque mínimo, los asusta, como me asusta a mí, me aterra como cuando cae la noche sin luna y sin estrellas, si farolas, ni aceras ni ciudad, como las noches de Bruselas. No se agota esta carrera, no tiene fin ninguna de estas infinitas leguas, ni ampollas en los pies que nos duelan, aquí nadie se para a descansar porque correr es nuestro descanso del espejo que refleja la verdad, de la ventana al mundo de los valientes, de los que lloran sus penas y ríen sus alegrías, de los que a pesar de haber más negro que blanco en sus vidas, pintan de colores sus paredes y tejados aunque no tengan suelo donde sostenerse, aunque estén parcos de alimentos, ¿por qué no corren? ¿Por qué en su mundo hay Sol a pesar de hundirse en la tierra? ¿Por qué agradecen estar despiertos cuando hoy en día es preferible soñar?
No corren…
Pero los árboles enmudecen ante sus acciones y el paso del tiempo los marchita y los revive, porque el viento los acoge y los destruye con el paso de las estaciones, porque en Otoño se llora las lágrimas que Invierno congela, Primavera es la cura de alergias, o alegrías, y aunque el Verano sea calor, no quema. Pero quema cuando corres, porque el fuego del pasado nos persigue si no le hacemos frente y da igual que estación sea, nos consume de los pies a la cabeza si no dejamos que nuestro dolor en forma de agua lo amaine, lo suavice, porque debe haber fuego en nosotros, en nuestra carrera, porque nos movemos y nos perseguimos en el futuro, en el deseo de lo que queremos conseguir, nos relevamos cuando un objetivo se cumple, y vuelve a correr un nuevo nosotros con más fuego y más fuerza, pero no en la maratón de los cobardes, en esa maratón solo se escapa, se olvida y se muere, se pierde uno en la muerte palpable con las manos, y no hablo del suicido, hablo del vacío que nos susurra, porque cuando escuchamos el silencio, nos sentimos completamente solos y gritamos mudos para que nadie nos oiga, y he aquí el orgullo que vence nuestro verdadero yo, porque no son los árboles quienes susurran que corras, si no el hecho de haberse rendido sin ni siquiera intentarlo, la raíz que quiso ser tallo y nunca lo consiguió.
Yo todos los años inevitablemente corro en la maratón de los cobardes, pero año tras año la termino más rápido, la acorto, y si puedo, la corro en soledad…
#Madrid
http://www.youtube.com/watch?v=jfz-XDWPt-M

